El descenso de Jesucristo a los infiernos es el pleno cumplimiento del anunción evangélico de la salvación

Descendit ad inferos

Hoy, sábado santo, la Iglesia conmemora el padecimiento de Jesucristo desde que murió (Viernes Santo a las 15 horas) hasta que resucitó (Domingo de Resurrección). Es por tanto un día alitúrgico: hoy no se celebra la Santa Misa. Hoy se conmemora el día en el que Jesucristo bajó a los infiernos:

634 «Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva …» (1 P 4, 6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.

Catecismo de la Iglesia Católica, punto 634.

Ese descenso a los infiernos es salvífico para todos cuantos han querido asumir su misericordia y es la derrota definitiva de los demonios, de todos los demonios. Todos se han de arrodillar ante su persona:

635 Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mt 12, 40; Rm 10, 7; Ef 4, 9) para «que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan» (Jn 5, 25). Jesús, «el Príncipe de la vida» (Hch 3, 15) aniquiló «mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud «(Hb 2, 14-15). En adelante, Cristo resucitado «tiene las llaves de la muerte y del Infierno» (Ap 1, 18) y «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos» (Flp 2, 10).

«Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo […] Va a buscar a nuestro primer Padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es la mismo tiempo Dios e Hijo de Dios,  va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva […] Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu Hijo. A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos» (Antigua homilía sobre el grande y santo Sábado: PG 43, 440. 452. 461).

Catecismo de la Iglesia Católica, punto 635.

El infierno es un lugar bien concreto:

633 La Escritura llama infiernos, sheol, o hades (cf. Flp 2, 10; Hch 2, 24; Ap 1, 18; Ef 4, 9) a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios (cf. Sal 6, 6; 88, 11-13). Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos (cf. Sal 89, 49;1 S 28, 19; Ez 32, 17-32), lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el «seno de Abraham» (cf. Lc 16, 22-26). «Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos» (Catecismo Romano, 1, 6, 3). Jesús no bajó a los infiernos para liberar a los condenados (cf. Concilio de Roma, año 745: DS, 587) ni para destruir el infierno de la condenación (cf. Benedicto XII, Libelo Cum dudum: DS, 1011; Clemente VI, c. Super quibusdamibíd., 1077) sino para liberar a los justos que le habían precedido (cf. Concilio de Toledo IV, año 625: DS, 485; cf. también Mt 27, 52-53).

Catecismo de la Iglesia Católica, punto 633.

La estancia de Jesucristo en los infiernos nadie la visto físicamente, y la Sagrada Escritura no la describe, pero hay quien afirma haberla visto místicamente: Anna Katherina Emmerich. Como ha dicho el Cardenal Antonio Cañizares sobre el libro «La Amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo«, las visiones de Ana Catalina Emmerich «no son el credo ni los evangelios, pero robustecen nuestra fe, estimulan nuestro amor y fortalecen nuestra esperanza. (…) son revelaciones privadas que nadie está obligado a creer. No son dogma de fe y no añaden nada al depósito de la fe que custodia la Iglesia. Pero son una conmovedora ayuda para acercarnos a contemplar la Pasión de Cristo, esclarecen poderosamente nuestra comprensión de los hechos, y nos ponen cara a cara con nuestras responsabilidades y contradicciones”. En ellas puede leerse:

En los días de Sábado Santo, en cada aniversario, Jesucristo echa una mirada libertadora en el purgatorio. Aunque hoy no se pueda ganar una indulgencia plenaria, precisamente porque el día es alitúrgico, sí podemos interceder con la oración a Jesucristo por las almas por las que Él ha muerto: recordarle su misericordia liberadora y animarle, pues en eso consiste la oración, a liberar a éste o a aquélla. Sigue diciendo Emmerich:

Es nuestra responsabilidad cuidar el árbol de la misericordia (el árbol de la Cruz) y recoger sus frutos, porque hay muchos que han muerto pero no están en el Cielo, porque se acumulan en el Purgatorio. Y nosotros podemos ofrecer por ellos muchos sufragios y oraciones. Es nuestra responsabilidad. Es verdad que son muchas las obras de misericordia. Pero no se olvide de esta. Y no se olvide nunca de que la misericordia sólo es verdadera cuando se funda en la aplicación de la misma vida de Cristo: no sólo importa hacer el bien, para que sea redentor hay que hacerlo por amor de Dios. No basta con la benevolencia. La bondad que se exige es la del mismo Corazón de Cristo. O sea: se exige que estemos ante obras de la Caridad, no de la mera filantropía. Cristo no es un filántropo. Es nuestro Redentor.

El principal propósito que debe usted hacer en el día de hoy es muy sencillo: sacar a partir de ahora un alma del purgatorio cada día. Si no lo está haciendo ya, puede empezar de inmediato desde la Vigila Pascual. Recuerde lo que dice Emmerich: daremos cuenta de lo que hemos hecho, pero también de lo que NO hemos hecho. Tenemos un deber de caridad. Cumplámoslo ofreciendo cada día una indulgencia plenaria por un alma del purgatorio.

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Acerca de ICPMP

Íñigo Coello de Portugal Martínez del Peral está casado y tiene cuatro hijos. Se licenció en Derecho (Universidad de Santiago de Compostela, 1981) y en Sagrada Teología (Universidad de Navarra, 1984) y más tarde obtuvo el grado de Doctor en Sagrada Teología (Universidad de Navarra, 1985) y en Derecho (Universidad de Navarra, 1986). En 1989 ganó las oposiciones de Abogado del Estado y de Letrado del Consejo de Estado. Desde 1993 se dedica a la abogacía de negocios. Es Académico correspondiente de Jurisprudencia y Legislación desde 1991. Es Letrado Mayor del Consejo de Estado desde 2009. Ha fundado la red COELLO DE PORTUGAL ABOGADOS. Escribió en el diario económico EXPANSIÓN desde 1991 hasta 2011. Paga, dirige y organiza esta página web.

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