Durante seis años, desde 2019 hasta hoy (2026), Dios puso en mi corazón, ignoro por qué, a partir de la visualización de un video de Youtube en el que el padre Loring, jesuita, hace tiempo fallecido, la voluntad de poner en marcha una cofradía cuyos miembros dedicasen un (pequeño) esfuerzo diario para interceder por las almas del purgatorio, ofreciendo cada día por alguna de ellas una indulgencia plenaria.
Como explica el padre Loring en el referido video, al que pueden acceder haciendo click aquí, a medida que pasan los años ese número va aumentando con los días, y se llega a miles. En 10 años, son 365 * 10 = 3.650 almas que salen del purgatorio. Un buen tesoro para el día en el que lleguemos al cielo.
Como hemos explicado en las páginas de este blog, si esto se hace durante 50 años, estamos hablando de 18.250 almas. Suponiendo una vida activa de 40 años, son 73.000 almas.
Pero sobre todo si, en vez de estar usted solo, lo que hace es convencer a UNA persona CADA AÑO para que haga lo mismo y que también ella se ponga a diario a sacar almas del purgatorio, se inaugura una CADENA de santidad. Como también dijimos, si este esquema se inicia en 2020, en 20 años habrá 1.048.576 cofrades y habremos ofrecido, entre todos, 382.730.240 indulgencias plenarias por almas del purgatorio. La población de los Estados Unidos es más pequeña.
Generar esta cadena era nuestra intención al promover una Cofradía que se ocupara de este asunto.
Cuando lo hemos intentado, nos hemos encontrado con varias Parroquias que no quisieron acogernos: ya tenían demasiado trabajo. O eso decían. Al final, después de bastante bregar, un Párroco excelente y generoso, de una parroquia de Madrid, cuyo nombre voy a omitir porque no quiero perjudicarle sino todo lo contrario, tuvo la generosidad, que públicamente le agradezco -él sabe quién es- de creer en nuestra iniciativa, aceptando ser nuestro Consiliario y postulando de la Archidiócesis de Madrid (España) la erección canónica de la Cofradía.
El 16 de marzo de 2024, D. Íñigo Coello de Portugal Martínez del Peral, D. Carlos Texidor Nachón, D. Carlos Lora González y D.ª Marta Coello de Portugal Martínez del Peral, presentamos instancia ante la Archidiócesis pidiendo que la Cofradía de Intercesores por las Almas del Purgatorio fuese reconocida como persona jurídico-pública eclesiástica.
La respuesta recibida de la Archidiócesis el 23 de octubre de 2025 ha sido la siguiente:
Buenos días,
Como le hemos indicado en correos anteriores, se ha dado traslado de este asunto a la comisión oportuna, y se ha pedido el parecer del vicario episcopal. Esta, después de examinar la documentación aportada, y siguiendo el criterio diocesano vigente, ha considerado que no procede continuar, por el momento, con el proceso de creación de la asociación. Coincide con la recomendación de vicario de no crear, en este momento, la cofradía.
Se les recomienda funcionar como grupo parroquial, durante un plazo medio de 2-3 años, en los cuales crezcan y puedan fortalecerse como entidad, y se sumen nuevos miembros reales y activos hasta tener una cifra que pueda garantizar la supervivencia de la cofradía en cumplimiento de la normativa canónica vigente.
Quedamos a su disposición. Muchas gracias.
Atentamente,
Jose Ignacio González Guerra
Hermandades y Asociaciones
HORARIO DE ATENCIÓN AL PÚBLICO:
Lunes, Martes y Jueves de 10h a 14 h.
Para mayor claridad, esta es la imagen del correo recibido:

la respuesta es algo que no puedo comprender, porque en el referido día los suscriptores a nuestro boletín eran 152 (ciento cincuenta y dos) distribuidos por todo el mundo. No éramos, no somos y no vamos a ser un movimiento parroquial. Somos otra cosa. Tampoco somos cuatro gatos. Somos más de cien y si todos los que reciben nuestro boletín no son cofrades es sólo por una razón: porque no se ha producido la erección canónica de la misma.
Si antes anduve peregrinando por Parroquias, ahora no voy a andar peregrinando de una a otra Diócesis para que nos reconozcan como Cofradía. Y -aparte de por el tiempo que me lleva- ¿saben por qué? Porque ya estoy harto de superestructuras clericales. Si nos paramos a pensar en qué es lo que nos pide Dios a cada uno en relación con esta iniciativa, resulta que lo que nos pide es esto: que intercedamos por las almas del purgatorio. No nos pide que nos agrupemos. No nos pide que nos conozcamos. No nos pide que tengamos un Capellán. No nos pide que nos reunamos. No nos pide que juntemos masas. Nos pide que CADA UNO CADA DÍA saquemos un alma del purgatorio y que CADA UNO CADA AÑO animemos a otra persona, por lo menos, a hacer lo mismo.
Para eso no hace falta una superestructura eclesiástica. Hemos intentado «hacerlo bien» y estar en sintonía con el estamento clerical. Pero no vamos a andar mendigando aprobaciones porque no las necesitamos. Lo que necesitamos es rezar más cada día, con y sin aprobación eclesiástica (reconozco que estoy dolido) e interceder cada día ante Nuestro Salvador para que, a la vista de las bien ganadas indulgencias que la Iglesia -sin necesidad de cofradía alguna- pone a nuestra disposición, Él con su misericordia infinita saque por lo menos un alma del purgatorio.
Así que, como no hace falta para nada la cofradía, concentrémonos en lo que importa. Usted, querido amigo, haga lo que le propongo: CADA DÍA gane una indulgencia plenaria y ofrézcala por un alma del purgatorio. Y consiga CADA AÑO que alguien más haga lo mismo. De esto se trata. Es muy sencillo. No hacen falta asociaciones.
La URL de esta web conservará, aunque no haya cofradía, la denominación actual por razones de SEO. No voy a tirar a la papelera el esfuerzo personal y económico realizado para que ya más de centenar y medio de personas contribuyan activamente a la Redención. El titulo de la web sí cambiará: ha pasdo a ser «Intercersores por las Almas del Purgatorio». Sin más.
Para terminar, hay algo que no me quiero dejar en el tintero. Los Estatutos presentados a la Archidiócesis de Madrid contenían un preámbulo. Creo que, aunque no se haya producido la erección canónica de la cofradía, ni se vaya a producir, vale la pena reproducirlos, porque son muy expresivos de nuestra intención. Léanlos. Les dejo con su lectura:
Preámbulo
“A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición” (San Juan de la Cruz, Dichos de Amor y de Luz, n.º 59). Esta frase ha sido simplificada por la cultura popular de un modo mucho más sencillo: “al atardecer de la vida, te examinarán del amor”. Es un texto muy conocido y a día de hoy un notorio fragmento de una popular canción que se reza en muchas Misas y ceremonias litúrgicas.
Ese amor a los demás –el amor de Dios que opera en nosotros– es esencial para la salvación. Fue Nuestro Redentor quien nos dijo: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt. XXV, 34-40).
La virtud de la caridad, que es el amor del Ungido infuso en nosotros, no se proyecta sólo sobre los vivos, sino también sobre los muertos. Ofrecer sufragios por las almas del purgatorio es una de las 14 obras de misericordia. Como enseña el Catecismo (n.º 2447): “Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3)”. Ocupa un lugar entre las espirituales, de las cuales la séptima es “rogar a Dios por los vivos y difuntos”.
Es más: se trata de la obra de misericordia más espiritual, y por tanto de la más perfecta, pues se refiere específicamente a un bien que ya no puede ser corporal: no hace referencia a personas vivas.
Desde el punto de vista del interés de aquél por el cual se intercede, la mejor oración por los difuntos es el ofrecimiento por ellos de una indulgencia plenaria. El beneficio es claro e inmediato: la inmediata aplicación a un alma de los méritos de Cristo y su entrada en el Cielo.
Pero, con ser ese beneficio inmenso –“Bonum gratiae unius maius est quam bonum naturae totius universi” (S. Th., I-II, q. 113, a. 9 ad 2)– en ese ejercicio de caridad el que más gana no es quien recibe la gracia sino quien reza. Porque realiza una potentísima obra de fe –las almas de los difuntos no son visibles–, de esperanza –esta intercesión se funda en que Dios opera de modo inmediato pero que no vemos– y de caridad, porque la indulgencia recibida es entregada en beneficio de otro. Se sacrifica un bien propio para un generar un bien ajeno.
Hay otro beneficio para el cofrade. Dado que en el Cielo han entrado ya tantas almas cuantas Jesucristo mismo haya sacado del purgatorio, por causa de la oración del cofrade, el efecto que se produce es que hay ya en el Cielo, intercediendo por usted y por su familia, una multitud de almas que le deben gratitud. La rentabilidad de la inversión es muy alta, pero es en el Cielo donde los cofrades guardamos nuestros ahorros, no aquí, porque es allí donde ni la polilla ni el orín corroen lo depositado (Mt. VI, 19-21).
Y otro más: está estatuido en esta Cofradía que por los primeros por los que se ofrece la indulgencia plenaria ganada es por los propios miembros fallecidos de la cofradía y por sus familiares directos.
Siendo todo eso mucho, si se atiende bien a lo que renta, aún es muy poco. Porque también en la tierra el cofrade obtiene una inmensa rentabilidad sin pérdida de valor ni inflación alguna. Porque Dios premia la caridad y hace crecer la caridad en cada cofrade.
Esta cofradía es ella misma fruto de la oración. Cualquier alma sensata que, durante un tiempo, aunque sean unos meses, cada día, haya ofrecido una indulgencia plenaria por un alma del purgatorio, poco a poco es transformada por la gracia del Espíritu Santo que hace crecer la caridad. Cuando uno reza por otros, el principal beneficiado no es el otro. ES UNO MISMO. Todos los cofrades fundadores hemos comprobado personalmente que, poco a poco, a base de sacar un alma del purgatorio, cada día, Dios ha hecho crecer en nosotros la caridad. Los fundadores de esta cofradía por propia experiencia tenemos el convencimiento de que un modo especialmente grato a Dios de vivir la caridad es ofrecer sufragios por quienes nos han precedido en la lucha contra principados, potestades y gobernadores de tinieblas (Efesios VI, 12). Y lo premia con creces con otras gracias espirituales y corporales. El premio es enorme, ya en esta tierra.
Como el bien es de por sí difusivo, queremos además traer cada año un alma nueva a la Cofradía. Otro cofrade. Esto también es importante. Si uno de nosotros ofrece una indulgencia plenaria por un alma del purgatorio cada día, son 365 almas al año. Si lo hace durante 10 años, son 3.650 almas. Y si lo hace durante 50 años, son 18.250 almas. Es la población de muchos municipios de tamaño mediano.
Pero si en vez de operar uno solo, lo que hace es obrar como Iglesia, y convencer a UNA persona cada AÑO para que haga lo mismo, se habrá generado una CADENA DE SANTIDAD para sacar almas del purgatorio. En 20 años donde hay hoy 2 personas y 730 redimidos al año (365 + 2 = 730), habrá 1.048.576 cofrades y habremos ofrecido entre todos en total 382.730.240 indulgencias plenarias por almas del purgatorio. La población de los Estados Unidos es más pequeña.
Esta Cofradía nace de los expresados convencimientos. No sólo del bien propio y ajeno, sino de la necesidad de difundir el bien mediante un esquema sencillo que anime a otros a expandir la oración por las almas del purgatorio.
Un último pensamiento. De las condiciones exigidas por la Iglesia para ganar una indulgencia plenaria, con mucho la más difícil de cumplir es la más sencilla de entender: la aversión a todo pecado, incluso venial. Concentremos pues ahí nuestro esfuerzo de caridad, junto con la oración diaria por el Romano Pontífice, que siempre la necesita por causa de la inmensa carga que Jesucristo mismo ha puesto sobre sus hombros.
